El modelo en cesión de uso, constituye en sí mismo una alternativa al problema de vivienda que vivimos en nuestro país, donde esta se ha convertido en un bien de mercado y, como tal, sujeta a la especulación para obtener el máximo beneficio.

Pero en la práctica, ¿en qué se plasma esa protección ante el mercado?

La vivienda es propiedad de la cooperativa, la cual no tiene ánimo de lucro. Por ello, la aportación al capital social y las cuotas mensuales están calculadas para cubrir los costes de construcción, uso y mantenimiento, sin que exista ningún margen comercial.  Tal como el nombre del modelo indica, es un bien de uso y no de inversión.

Por ello, ser socio residente de la cooperativa no conlleva la compra de un suelo o de un espacio, sino participar de un proyecto común, obteniendo el derecho a vivir indefinidamente en la vivienda.

Este modelo también proporciona estabilidad a largo plazo, ya que es opuesto tanto a los alquileres de corta duración, como a las fluctuaciones especulativas del mercado.

Y, además, es un ejemplo de gestión democrática donde son los socios los que deciden sobre su propio proyecto y cómo gestionarlo en el día a día.

Las instituciones públicas deberían apoyar de forma más decidida el modelo de vivienda cooperativa en cesión de uso como una de las medidas que pueden ayudar a garantizar que el derecho a una vivienda digna y adecuada sea una realidad, y no solamente un párrafo en nuestra Constitución.

 

Socias de la cooperativa en las movilizaciones por el derecho a la vivienda. Octubre 2026

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