La Enramada es un proyecto en construcción. Vivo. Crece cada vez que tomamos una decisión, cada vez que se materializa un acuerdo. Pero cuando de verdad notamos que crece y está vivo es cuando se incorpora una nueva unidad familiar. Es entonces cuando sentimos que el cuidado y el tiempo dedicado a cada una de las personas que se acercan a nosotras es un acierto.
En la última asamblea dimos la bienvenida a Isabel como nueva residente. Han sido varios meses de proceso de conocimiento mutuo. Un tiempo que forma parte de nuestra manera de entender la construcción de comunidad; despacio, aceptando los ritmos de cada persona, poniéndola en el centro para conocerla y que nos conozca… Solo así es posible descubrirnos, compartir, interrogarnos, imaginarnos en un presente y en un futuro común. Ver si coinciden nuestras expectativas, nuestros tiempos, nuestros valores. Desprendernos mutuamente de miedos y comodidades y abrirnos ambas partes a los cambios que toda incorporación nueva trae.
Isabel ayuda a dar un pasito más para completar el grupo total. Un paso, cada vez más grande que se va acompasando día a día con las unidades que ya somos. Un caminar juntas que sabremos abrir a nuevas incorporaciones.
Isabel ha participado en las diferentes actividades que dan vida a la cooperativa, asambleas, encuentros, charlas. Nos hemos abierto a ella y ella se ha abierto a nosotras. Hemos debatido, discutido, confrontado, reído y soñado juntos con la naturalidad de mostrarnos tal y como somos, porque solo desde la sinceridad más honesta, podremos decidir que queremos estar juntas.
Nos encanta que Isabel haya dado este paso. Nos emociona que ya forme parte de la comunidad que somos y queremos ser. Sus aportaciones son y serán muy valiosas. Enriquecen el proyecto y le permite ganar fuerza. La Enramada sigue creciendo, vínculo a vínculo.