Ayer volvimos a encontrarnos en el Centro de Documentación del Agua y el Medio Ambiente de Zaragoza, en un espacio muy especial: la sala de reuniones situada en las antiguas cillas del Convento de Santo Domingo, un lugar con más de 800 años de historia. Allí, varias decenas de personas compartimos buena parte de la tarde para conocer dos proyectos cooperativos que, desde puntos de partida diferentes, nos hablan de algo que nos importa especialmente: la capacidad de organizarnos para resolver juntas necesidades que muchas veces afrontamos de manera individual.
El encuentro estuvo protagonizado por Som Energia y La Enramada, y contamos con Ángel Martín y Fernando Pablo para acercarnos a ambos proyectos.
Ángel nos habló de Som Energia, de la singularidad del sistema eléctrico español, de algunas claves pare entender nuestra factura y a quién pagamos nuestra factura, así como de las posibilidades que tenemos para transformar nuestra relación con la energía. Habló de autoconsumo, de producción de energía en edificios colectivos y de comunidades energéticas. En definitiva, de personas que se empoderan y organizan para producir, compartir o no, pero deciden soberanamente sobre la energía que utilizan.
Som Energia lleva años demostrando que la energía puede ser algo más que una factura que llega a casa. Es una cooperativa sin ánimo de lucro que trabaja por un modelo energético renovable y participativo, y que está impulsando nuevas formas de producción y autoconsumo colectivo.
Y esto nos interesa mucho. Porque cuando hablamos de energía también hablamos de autonomía, de capacidad de decisión y de comunidad. De la posibilidad de que las personas no seamos únicamente consumidoras, sino que podamos participar en cómo se produce y se gestiona algo tan básico para nuestra vida cotidiana.
Después llegó nuestro turno para hablar de La Enramada. De la vivienda colaborativa, de la cesión de uso y de nuestro proyecto en Zaragoza. Pero también de algo que para nosotras resulta fundamental: la vivienda puede ser un punto de partida para construir otras formas de vida.
Porque cuando compartimos un proyecto de vivienda aparecen muchas otras posibilidades. Podemos pensar juntas en los cuidados, en cómo nos desplazamos, en qué consumimos, en cómo utilizamos los recursos, en las telecomunicaciones, el ocio, la formación… y también en la energía.
No se trata de compartirlo todo. Se trata de preguntarnos qué tiene sentido compartir y qué podemos resolver mejor juntas.
En junio ya tuvimos ocasión de abordar una de estas cuestiones junto a EhCoche, la cooperativa aragonesa de movilidad eléctrica compartida, cuando hablamos de vivienda y movilidad. Fue otra manera de acercarnos a esa misma pregunta: qué necesidades que hoy resolvemos individualmente pueden encontrar respuestas colectivas.
Ayer, con Som Energia y La Enramada, ampliamos la conversación.
Y quizá esa sea una de las cosas que más nos interesan de estos encuentros: descubrir que la vivienda, la energía, la movilidad o los cuidados no son compartimentos estancos. Están profundamente relacionados con nuestra forma de vivir y con nuestra capacidad para construir comunidad.
Desde Somos Cuidados Comunes (cooperativa de vivienda en cesión de uso que impulsa el proyecto de La Enramada) queremos seguir explorando precisamente ese camino. Porque cuidar también puede significar crear las condiciones para que nuestra vida sea más sostenible, más acompañada y menos individualizada.
Hacer común lo que necesitamos. Compartir recursos, capacidades y decisiones. Construir juntas otras formas de vivir.
Desde hace unos meses, imbuidos en las antiguas cillas de Santo Domingo, seguimos pensando cómo hacerlo posible.




