Hay experiencias que sirven para descansar, otras para inspirarse y algunas, además, te recuerdan por qué elegiste un determinado camino. Nuestra estancia de unos días en Axuntase (Lugo de LLanera, Asturies), proyecto hermano al nuestro, ha sido un poco de todo esto.
Queremos dar las gracias a toda la comunidad de Axuntase por su hospitalidad, por abrirnos las puertas de su casa y, sobre todo, por permitirnos formar parte de su vida cotidiana con total naturalidad. Más allá de las conversaciones o de las visitas, lo verdaderamente valioso ha sido vivir la experiencia desde dentro: hacer uso de la casa común, conocer el funcionamiento de las viviendas y de los espacios compartidos, observar las dinámicas de convivencia, participar en la organización cotidiana, resolver pequeños imprevistos y disfrutar de los muchos momentos compartidos.
El viaje coincidió, además, con la convocatoria de Coop57 Asturies del sábado 11, a la que acudimos aprovechando que entre los proyectos invitados estaba Gusantina, de Zaragoza. Para quienes formamos parte tanto de Somos Cuidados Comunes como de Gusantina fue una magnífica oportunidad para reencontrarnos, compartir experiencias y seguir fortaleciendo las redes de la economía social y solidaria que hacen posible proyectos como los nuestros. También fue una ocasión para conocer otras iniciativas asturianas y alicantinas que, desde realidades distintas, comparten el deseo de construir formas de vida más cooperativas y sostenibles.
La convivencia en Axuntase ha sido también un ejercicio de aprendizaje. Hemos podido reconocer muchas analogías entre ambos proyectos y, al mismo tiempo, descubrir las diferencias que hacen única cada experiencia. Su realidad rural, por ejemplo, contrasta con nuestro contexto urbano, y la presencia de familias con niños y niñas aporta una dimensión distinta a la vida comunitaria. Sin embargo, por encima de esas diferencias, encontramos preocupaciones y retos muy similares.
¿Cómo nos organizamos? ¿Cómo repartimos las tareas? ¿Cómo cuidamos los espacios comunes? ¿Cómo sostenemos los cuidados, el mantenimiento, la limpieza o la logística cotidiana ahora y en el futuro, sin que recaigan siempre sobre las mismas personas? ¿Qué retos arquitectónicos y medioambientales afrontamos? ¿Cómo nos relacionamos con el entorno? ¿Cómo hacemos estos proyectos verdaderamente accesibles? ¿Cómo difundimos el modelo y conseguimos que las administraciones comprendan el enorme valor social, ambiental y comunitario de las viviendas colaborativas en cesión de uso? Son preguntas que, de una forma u otra, atraviesan cualquier proyecto cooperativo basado en la convivencia y el apoyo mutuo.
Para quienes estamos a las puertas de comenzar una nueva etapa en La Enramada, ver un proyecto consolidado y en funcionamiento ha sido especialmente valioso. Nos ha permitido imaginar con más claridad el día a día que estamos construyendo y confirmar que, aunque surgirán dificultades, también habrá muchas alegrías compartidas y una enorme capacidad colectiva para afrontarlas.
Volvemos con muchas ideas, con ganas de poner en práctica algunas de las cosas que hemos visto y con la tranquilidad de saber que no estamos solos en los desafíos que afrontamos. También volvemos con la satisfacción de haber podido echar una mano en algunas tareas, de haber compartido tiempo, conversaciones y risas, y de haber comprobado que el aprendizaje más valioso suele surgir de la convivencia.
Nos gusta pensar que estos intercambios entre proyectos son una especie de laboratorio vivo: un espacio donde observar, preguntar, inspirarse, probar, equivocarse, aprender y seguir construyendo comunidad. Porque visitarnos, conocernos y compartir el día a día es también una forma de cuidarnos y de fortalecer el cooperativismo.
Gracias, Axuntase, por acogernos como en casa y por compartir con tanta generosidad vuestra experiencia. Nos encantaría poder devolveros la visita muy pronto. Ojalá ese momento llegue cuando ya estemos viviendo en La Enramada, cuyo edificio por fin está a puntito de echar a andar. Será la mejor señal de que nuestro proyecto ha dado el paso que tanto tiempo llevamos preparando y una inmensa alegría poder recibiros entonces con la misma calidez, generosidad y cercanía con la que vosotros nos habéis acogido estos días.
Pero quizá uno de los mayores aprendizajes ha sido otro, más difícil de explicar. Convivir durante unos días en un proyecto ya consolidado ha supuesto ganar confianza. Hemos podido comprobar que aquello que durante tanto tiempo hemos imaginado, debatido y construido sobre planos, documentos y reuniones puede convertirse en una forma de vida real. Con sus retos, por supuesto, pero también con una enorme capacidad para generar comunidad, apoyo mutuo y bienestar. Volvemos con la ilusión renovada y con la certeza de que merece la pena seguir recorriendo este camino.